El fundamento de la práctica de la atención plena consiste en llevar la atención a la inspiración y la espiración, lo que se conoce como respiración consciente o atención plena a la respiración. Y, por más que se trate de algo muy sencillo, su efecto puede ser muy importante.
En la vida cotidiana, nuestro cuerpo suele estar en un lugar
y nuestra mente en otro. La atención a la inspiración y a la espiración
restablece el contacto entre nuestra mente y nuestro cuerpo y nos permite estar
súbitamente de nuevo aquí y ahora, completamente presentes.
Respirar de forma consciente es como beber un vaso de agua fría.
Al inspirar, sentimos como el aire fresco penetra en nuestros pulmones y no es necesario, para ello, controlar la respiración. Basta con sentirla tal cual es, sin importar que sea larga o corta, superficial o profunda.
La
respiración consciente es la clave para reunificar cuerpo y mente y llevar la
energía de la atención plena a cada instante de tu vida.
«El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso».
-Lao Tse-
Independientemente de cuál sea nuestro clima interno, es
decir, independientemente de cuáles sean nuestros pensamientos, nuestras
emociones y nuestras percepciones, la respiración siempre está, como el más
fiel de los amigos, con nosotros. Y siempre podemos, en consecuencia, por más
desbordados que nos veamos por los sentimientos, arrastrados por las emociones
o atrapados en los recuerdos del pasado o las expectativas del futuro, volver a
la respiración para reunificar y anclar nuestra mente.
En el momento presente, en el ahora.
“Sé el testigo de tus pensamientos”.
-Buda-
